Origen, definición, tipos de resiliencia y cómo ser una persona resiliente

Orientación Psicológica

Orientación Psicológica

Psicólogos especializados en trastornos del neurodesarrollo.

La resiliencia es, según la RAE, la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. En estos tiempos de estrés, donde parece que las tareas se han de entregar de un día para otro y la presión que recibimos es mayor, el concepto de resiliencia ha ido cobrando más importancia como estrategia para afrontar esta situación de angustia, estrés e incertidumbre.

Para mejorar la explicación que la RAE nos hace de la Resiliencia, os vamos a explicar exactamente qué es la Resiliencia, sus orígenes, cómo se relaciona con la personalidad y finalmente las estrategias para conseguir ser una persona resiliente.

Qué es la Resiliencia

La resiliencia es un constructo ampliamente estudiado, que se originó en los años 70 y podemos entenderla como el estilo de afrontamiento y adaptación a una situación estresante, donde se entiende cuál es el problema, su origen, cómo te afecta y qué puedes hacer, y todo ello desde una perspectiva realista, proactiva y asertiva.

Un ejemplo de situación estresante es la pérdida de trabajo. Ante esta situación de estrés, es clave el concepto de resiliencia para darnos cuenta de la importancia de utilizar las claves para afrontar esta situación y, en nuestro caso, el poder recuperar un trabajo.

Si te fijas, este constructo se relaciona con un estilo de afrontamiento a un suceso estresante externo, pero… ¿y nosotros cómo reaccionamos? ¿dónde quedan las emociones? Es por todo ello que se hace necesario explicar la resiliencia desde una óptica de la personalidad.

La Persona Resiliente

Jack Block fue el autor que relacionó el constructo de la resiliencia (capacidad de adaptación a un agente perturbador o situación adversa) con la personalidad (capacidad única e individual de pensar, actuar y sentir). Ahora explicaremos la resiliencia y más adelante veremos cómo trabajarla para hacer frente a una situación de estrés.

Es por ello que Block definió 3 tipos de persona resiliente:

Yo resiliente

Son personas que tienen facilidad de adaptación a las situaciones de estrés. Son personas que confían mucho en su capacidad de adaptación, además de ser atentas, cooperadoras, son altamente independientes y tienen una gran capacidad de concentración en sus tareas.

Este tipo de persona resiliente sería el más adecuado para que afrontaras la situación de estrés, como la indicada anteriormente con la falta de trabajo.

Yo sobrecontrolado

Estas personas son mas tímidas, calladas, tienen mayores niveles de ansiedad y muestran una mayor dependencia de los demás. También tienen como particularidad que los problemas se los guardan para ellas, evitan los conflictos y todo ello repercute en su estado anímico, llevándolas a una mayor probabilidad de padecer depresión.

Yo subcontrolado

Este perfil de personalidad es opuesto al anterior. Las personas que presenta un yo subcontrolado son más activas, enérgicas, impulsivas y también muestran un mayor nivel de distraibilidad.

La persona resiliente

Como has podido leer, la resiliencia no es, como dice la RAE, sólo decir: ¡adáptate!, sino que es una forma de afrontarse a una situación teniendo en cuenta una serie de variables que, aun siendo difíciles de conseguir, no son para nada imposibles! A continuación te las detallaremos y te pondremos ejemplos sobre cómo trabajarlas para conseguir una mejor resiliencia y ganar la batalla a una situación estresante:

Adáptate a la situación: ¡haz cambios!

La adaptación a tu nueva situación (puede ser la pérdida de trabajo, como el fracaso de un proyecto o no encontrar aquello que buscas) es clave para ser una persona resiliente. Es momento de tomar conciencia de la situación y buscar cómo seguir haciendo las tareas que hacías anteriormente pero en este nuevo contexto. Por ejemplo:

Toca pensar que ya toca cambiar la manera de trabajar o de buscar faena (teletrabajo, o utilizar nuevas apps de búsqueda de trabajo), pensar en hacer otro tipo de actividades que anteriormente no pensabas que ibas a hacer, cambiar algunos hábitos que tenías anteriormente y que han podido hacer que te encuentres en la situación actual, etc.

Todos estos cambios no los percibas como un atraso, sino simplemente como una mejor adaptación por tu parte.

Reducir la Ansiedad

Aquí tienes un artículo con 10 consejos sobre cómo reducir la ansiedad, todos ellos bien explicados y resumidos.

Confiar en ti misma

Es bueno que pienses en otras situaciones pasadas tuyas donde creías que no podías resolver el problema pero finalmente lo conseguiste. Los psicólogos recomendamos tener en mente recuerdos de sucesos pasados donde alcanzaste aquella meta tan deseada, que la mantengas en la mente e intentes asociarla a una imagen o a una palabra (por ejemplo: ¡CLARO QUE SÍ!). Cada vez que pienses en tu presente que no puedes salir de esta, pensar en el recuerdo o utilizar esa frase clave te ayudará a recordar que si un día pudiste hacerlo, ¡hoy también puedes!.

Expresar las emociones de forma asertiva

En cómo reducir la ansiedad, en el punto 10, te explicamos cómo identificar, encontrar el sentido y finalmente expresar las emociones de forma asertiva. Uno de los componentes de la asertividad tiene que ver con el no juzgar. Ahora sentir ansiedad, tristeza, miedo… es una reacción común, pero si recuerdas que tienes estrategias para seguir hacia adelante, ni la ansiedad ni los miedos podrán ganarte la batalla.

Cooperar en iniciativas

Continuamente aparecen iniciativas para ayudar a la gente: voluntariados, asesoramiento online, nuevos proyectos, futuras start-ups… Participar en estas iniciativas puede ser un buen inicio para hacer crecer tus redes de contacto, realizar una actividad altruista y, a su vez, poder ayudar a los demás. Seguro que por tu oficio ha aparecido alguna iniciativa, ¡ahora es momento de participar en ella! Y si no ha salido ninguna, ¡puedes ser la primera! ¿A qué esperas?

Reduce aquello que te distraiga

En casa, igual que en el trabajo, hay un sinfín de distracciones que pueden hacer que tus objetivos no los cumplas. Para ello, lo mejor es aplicar técnicas de autocontrol, como las que puedes leer el artículos que escribimos sobre técnicas de autocontrol.

Controla la impulsividad

Para aquellas personas que sean más impulsivas, es momento de intentar reducirla para evitar llevar a cabo acciones que sean contraproducentes. Para ello, tenemos 2 recomendaciones: ejercicio físico y relajación.

Aunque ambas parecen contrapuestas, persiguen el mismo objetivo, que es alcanzar un mayor estado de calma (en el caso del ejercicio es después) y sentirse mejor con una misma. Las técnicas de relajación que más recomendamos son la respiración diafragmática y la técnica de relajación de jacobson.

Pero en el caso de los más impulsivos, también os puede servir este “truquillo”: definid dónde podéis ser impulsivos. Piensa en aquellas áreas o situaciones donde es mejor mantener la calma, y por otro lado piensa en qué situaciones no vas a poder controlar la impulsividad, y de esta manera podrás tener una mayor fleixibilidad contigo misma.

Presta atención a la tarea

Como decíamos antes, tanto en casa como en el trabajo seguro que debes tener multitud de distractores que no te permiten llevar a cabo la tarea. En este caso, las técnicas de autocontrol te ayudarán. Pero también tenemos otro distractor, que es el mental: la preocupación.

En estos tiempos es difícil controlar la preocupación, pero aun así puedes preguntarte: aquello por lo que te preocupas, ¿tiene solución? si es así, ¿estoy haciendo todo lo que puedo hacer?, ¿qué más podría hacer?. Y trabajar en ello.

Como decía un proverbio chino:
Si tienes un problema que no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Y si tiene solución, ¿para qué te preocupas?

Otra técnica que podrías hacer sería apuntar aquello que te preocupa y compartirlo con aquellos que están en tu casa, o bien con un profesional, y de esta manera seguro que las preocupaciones mitigarán.

Una última estrategia para que reduzcas tu preocupación, estés más atenta y mejore tu personalidad resiliente: deja de informarte sobre aquello que te preocupa. Es muy probable que te estés sobreexponiendo a la información de los medios, buscando casos parecidos en internet, haciendo que se trate de un monotema cuando hablas con tus familiares o compañeros… es momento de parar, porque esta información hará que aumente tu nivel de ansiedad y que te resulte difícil de manejar.

Sé activa

En casa estamos contenidos, pero la creatividad, inventiva, productividad, ingenio… no tiene límites. ¡Ahora es momento de que hagas cosas! Cocina, juega a juegos de mesa o créalos, haz tu propia página web, busca nuevas aficiones… ¡Esta canción de calle 13 seguro que puede ayudarte a entender esta idea! Una canción que nos habla de la importancia de no quedarnos quietos, de no parar, ¡de moverse! Como dice en una de sus letras: “si no tienes cuerpo, menéa las ideas!”.

Ten iniciativas

Como dijimos antes, ser resiliente es moverse y reinvertarse. Los trabajos han cambiado, las relaciones también, la perspectiva y forma de vida de lo que llamamos “primer mundo” ha cambiado, y nosotros mismo seremos quienes redefinamos esta nueva situación, por lo que ya puedes empezar a escribir y tener ideas sobre ello puede ser una buena iniciativa!

Sé independiente

Aprender a vivir contigo misma puede ser difícil, pero ahora es más necesario que nunca. La dependencia de los demás existe, pero la sobredependencia crea más estados de ansiedad e inseguridad. Planifica qué puedes cocinar por tu cuenta y arriésgate! Si has de hacer una tarea y tu pareja o familiares no pueden ayudarte, ¡busca por ti misma la solución y prueba!

Cuando hayas vencido la batalla a esta situación estresante y pases a ser una persona más resiliente, verás como las estrategias anteriores no fueron eficaces y, ahora más que nunca, probarás nuevas maneras de adaptarte!

También te dejamos otros recursos para informarte más sobre la Resiliencia:

Que es la Resiliencia por ÁreaHumana

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