Sabemos que es difícil entender y aceptar que vuestra hija, con toda la vida por delante, puede ser diagnosticada de depresión: se siente triste la mayor parte del día, sin ganas de hacer nada, sin preocuparse por su futuro, sin apetito… Por eso os queremos facilitar toda la información necesaria para que podáis comprender qué es ser adolescente o niño con depresión, qué piensa y qué siente vuestra hija con depresión, y cómo de dispar puede llegar a ser lo que nosotros creemos y deseamos de lo que realmente es.

Es injusto que en las primeras etapas de la vida, no se pueda disfrutar de ella. Trabajemos por ello.

La depresión, o formalmente conocida como Trastorno Depresivo Mayor (TDM), es más frecuente en la adolescencia que en la infancia, y en esta etapa es más frecuente en chicas, es por eso que hablaremos de chicas con TDM. 

¿QUE ES EL TRASTORNO DEPRESIVO MAYOR?

Debido a la complejidad que entraña evaluar el TEA, sería importante que, como padre o madre, pudieras contestar SI a las siguientes preguntas referidas al diagnóstico: Es probable que vuestra hija, ya sea en la infancia o en la adolescencia, tenga un estado más irritable que triste. Es importante saberlo porque de primeras parece incongruente. Por ejemplo, puede que opte por gritar y enfadarse, en vez de llorar contínuamente. Además, sería conveniente vigilar que no se trate de irritabilidad ante la frustración, en cuyo caso sería interesante que esta fuera tratada.

La pérdida de placer se puede experimentar sintiendo menos interés por los hobbies (por ejemplo, de pronto a tu hija, que le encantaba el fútbol, ahora deja de practicarlo). En este sentido, es probable que tu hija tenga dificultad para realizar actividades que antes realizaba, mostrándose con mayor fatiga.

A la disminución del apatetio, es frecuente que a su vez pierda algo de peso, y que este peso perdido sea difícil de volver a alcanzar.

Como padres y madres, es importante vigilar el exceso de responsabilidad y la culpabilidad de algunas circunstancias, como el estar enferma.

Si observas que tu hija tiene problems de memoria, como el olvido de fechas importantes o que no recuerda aquellas tareas que tenía que hacer, no te preocupes, es un síntoma que mejorará cuando recupere el estado de ánimo.

A. Cinco (o más) de los síntomas siguientes han estado presentes durante el mismo período de dos semanas y representan un cambio del funcionamiento previo; al menos uno de los síntomas es (1) estado de ánimo deprimido o (2) pérdida de interés o de placer.

  1. Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según se desprende de la información subjetiva (p. ej., se siente triste, vacío, sin esperanza) o de la observación por parte de otras personas (p. ej., se le ve lloroso). (Nota: En niños y adolescentes, el estado de ánimo puede ser irritable.)
  2. Disminución importante del interés o el placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días (como se desprende de la información subjetiva o de la observación).
  3. Pérdida importante de peso sin hacer dieta o aumento de peso (p. ej., modificación de más del 5% del peso corporal en un mes) o disminución o aumento del apetito casi todos los días. (Nota: En los niños, considerar el fracaso para el aumento de peso esperado.)
  4. Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
  5. Agitación o retraso psicomotor casi todos los días (observable por parte de otros; no simplemente la sensación subjetiva de inquietud o de enlentecimiento).
  6. Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
  7. Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada (que puede ser delirante) casi todos los días (no simplemente el autorreproche o culpa por estar enfermo).
  8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi todos los días (a partir de la información subjetiva o de la observación por parte de otras personas).Pensamientos de muerte recurrentes (no sólo miedo a morir), ideas suicidas recurrentes sin un plan determinado, intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo.

B. Los síntomas causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

C. El episodio no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia o de otra afección médica.

D. El episodio de depresión mayor no se explica mejor por un trastorno esquizoafectivo, esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, trastorno delirante, u otro trastorno especificado o no especificado del espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos.

E. Nunca ha habido un episodio maníaco o hipomaníaco.

Especificar:

Con características mixtas.

Con características melancólicas.

Con características atípicas.

Con características psicóticas congruentes con el estado de ánimo.

Con características psicóticas no congruentes con el estado de ánimo.

Con catatonía.

Con inicio en el periparto.

Con patrón estacional (sólo episodio recurrente).

¿CÓMO SE EVALÚA LA DEPRESIÓN?

Es importante que en la evaluación se planteen las siguientes preguntas:

  • ¿Han utilizado una entrevista estructurada o semiestructurada?
  • ¿En el caso de haber fallecido recientemente algún ser querido, han descartado un duelo?  En este caso el diagnóstico y tratamiento sería diferente.
  • ¿Han descartado que no se trate de un problema orgánico?
  • ¿Han valorado que no se trate de otro trastorno como el trastorno de ansiedad?
  • ¿Han preguntado si el niño o niña ha tenido ideas o tentativas de suicidio? Es importante no evitar este tema, las preguntas tienen que ser directas y no andarse con rodeos.
  • ¿Han descartado que no haya consumo de alguna sustancia? Dada su comorbilidad frecuente.
  • ¿Han descartado que no se trate de un caso más grave como Esquizofrenia?
  • ¿Te han descrito qué tipo de depresión manifiesta?

Sería ideal que pudieras responder a todas estas preguntas, lo que indicaría un proceso de evaluación estricto, preciso y correcto. 

Es importante tener en cuenta que en la mayoría de los casos de depresión no se reconocen en los centros de atención primaria. Además, es muy probable que los síntomas somáticos sean la queja de la presentación.

Es posible que su hija niegue la tristeza, no te preocupes, es normal. Por suerte y, por obvio que parezca, tenemos maneras de reconocerla y algunas de ellas es a través de la entrevista, por la expresión facial o de la conducta.

Normalmente, lo que expresan las niñas y adolescentes de lo que sienten y piensan es  diferente de lo que informan sus familiares. En este sentido, es probable que haya baja correlación entre lo que tú piensas que siente tu hija y lo que realmente siente. Es por eso que lo mejor sería evaluar directamente a la adolescente.

Seguramente habrás notado en tu hija cambios del estado de ánimo; en ese caso lo mejor sería evaluar dos veces en el espacio de una semana, lo que nos permitiría descartar posibles alteraciones del estado de ánimo transitorias.

Importantísimo atender a los desencadenantes específicos que han llevado al estado actual de tu hija.

Algunos de los instrumentos más típicamente utilizados en el caso del TDM son:

  • Entrevista para los Trastornos Afectivos y la Esquizofrenia para niños (K-SADS)
  • Escala Hamilton para la Depresión (Ham-D)
  • Entrevista Clínica Estructurada de Depresión (SCID)
  • Inventario de Depresión Infantil (CDI-2)

El proceso de evaluación de la depresión en la infancia debe seguir un modelo integrado del desarrollo, además de estar basado en múltiples fuentes de información.

La piedra angular del diagnóstico será la relación e interacción que tenga con su cuidador principal, lo cual facilitará el proceso de evaluación.

Durante la evaluación se deberá descartar otros problemas que puedan explicar la depresión, además de tener en cuenta las comorbilidades e identificar las competencias actuales y puntos fuertes.

Será importante la re-evaluación después de un proceso de intervención, partiendo de las puntuaciones de cuestionarios como tasa base para compararlas.

Hay que vigilar la sintomatología clínica de la depresión con los rasgos típicos de la adolescencia (inestabilidad emocional, frustración, problema de identidad y con los iguales, entre otros), puesto que puede tratarse de una sintomatología transitoria y contextualizada a una época del desarrollo evolutivo normal.

La evaluación de la depresión es compleja, debida a su múltiple sintomatología, por lo que los canales de información que debemos utilizar para saber qué experimenta la adolescente ha de ser mediante el componente fisiológico (qué sensaciones corporales tiene), conductual (cuál es su comportamiento) y verbal (qué dice y expresa), siendo este último el más importante de ellos.

¿CÓMO SE TRATA LA DEPRESIÓN?

Las orientaciones tanto en la infancia como en la adolescencia para hacer frente la depresión es la Terapia de conducta (en la adolescencia, además, también la terapia interpersonal).

La orientación Conductual tiene diferentes componentes que se trabajan de forma   pormenorizada, como son las habilidades sociales, el autocontrol, la relajación, las actividades agradables, la reestructuración cognitiva… y tiene por objetivo ofrecer estrategias a la niña o a la adolescente para manejar la situación, aumentando su sentimiento de competencia y desarrollando habilidades para afrontar las situaciones conflictivas en casa, la escuela y con los amigos.

Otra orientación que se ha mostrado eficaz, aunque con menor grado, es la terapia familiar sistémica, junto a las técnicas de relajación y de automodelado filmado.

Como padres, es importante que tengás una información adecuada del trastorno, mostrar interés por vuestro hijo o hija y ayudarle a cumplimentar las tareas que se les pide hacer entre sesiones. El apoyo moral y emocional será clave para que vuestro hijo o hija puede afrontar estas nuevas situaciones.

El único tratamiento farmacológico que se ha aprobado para niños y adolescentes es la Fluoxetina, un Inhibidor Selectivo de la Recaptación de Serotonina. Al no tratarse de un tratamiento que se haya mostrado eficaz por sí mismo en niños y adolescentes, es recomendable, según la Asociación Americana de Psicología, a partir de los 12 años, que si se aplica sea complementada con una terapia psicológica que se haya mostrado eficaz.