Hustle Culture: la prisa del siglo XXI

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Orientación Psicológica

Psicólogos especializados en trastornos del neurodesarrollo.

En el artículo de hoy hablaremos sobre la Hustle Culture o la Cultura de la Prisa. El objetivo de este artículo es que puedas entender de dónde proviene esta cultura de la prisa y qué efectos tiene en todos nosotros. De alguna manera, la Hustle Culture es como la metáfora del elefante en la sala. Todos saben que hay un elefante en la sala, pero nadie quiere hablar de ello. Pues bien, allá vamos!

Orígenes de la cultura de la prisa

La idea de esforzarse por conseguir los objetivos no es nada nuevo, de toda la vida se ha sabido que para conseguir una serie de metas, el esfuerzo es necesario. El problema reside cuando el objetivo se vuelve en sí mismo en el proceso, esto es: esforzarse para esforzarse.

Hacia la década del 2010, con el auge de las empresas tecnológicas y la cultura del emprendimiento, cada vez son más empresas que han ido inculcando la importancia del esfuerzo como meta en sí misma. Por ello, hustle se puede traducir como: bullicio, ajetreo, esfuerzo, acelerar, darse prisa… y actualmente se está convirtiendo en un fenómeno de masas. La popularización de este fenómeno ha sido posible también gracias a las redes sociales, donde cada vez son más las personas que crean y comparten vídeos motivacionales donde el esfuerzo, el sacrificio y el compromiso se convierten en pilares de per se en la consecución de cualquier objetivo, llevando a reducir el valor del objetivo para realzar la figura del proceso. Al precio que sea.

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La cultura del esfuerzo y el impacto emocional

Esta cultura del esfuerzo está provocando una sensación de impotencia y de no alcanzar los objetivos porque la expectativa de dicho esfuerzo es muy superior a la que realmente se puede lograr. 

Uno de los aspectos que se observan es el desarrollo de una personalidad más obsesiva, donde el perfeccionismo y la rigidez pasan a ser los pilares de la estructura, provocando el desarrollo de un autoconcepto inflexible y, por consiguiente, afecta negativamente a la autoestima.

El perfeccionismo y la autoexigencia en las personas que forman parte de este tipo de cultura actúan en formato piloto automático, realizando largas horas laborales, sin prestar atención a pequeños detalles como las relaciones sociales, y el resto de tareas que realizan se vuelven rutinarias. Esto provoca que la persona pierda la propia esencia de lo que es una persona: un animal social. 

Esta situación se agrava más al observar y compararse con otras personas que, a través de las redes sociales, destacan los logros (en muchos casos no son propios) conseguidos a través de este esfuerzo continuo. Esto provoca la sensación de no estar a la altura, de no llegar nunca a conseguir lo que tiene alguien (que para más inri suelen ser más jóvenes) ha conseguido, y esto provoca un detrimento de la autoestima y un autoconcepto donde se definen como insuficientes.

Alternativas al Hustle Culture

Como puedes suponer, este tipo de cultura del esfuerzo al final lleva a problemas sociales, emocionales, personales y laborales. La sensación de que nunca es suficiente, que hay que hacer más, y que si luchas quizás lo conseguirás, es consecuencia de este fenómeno sociales promovido por las grandes empresas. Esto ha hecho que los objetivos personales de cada uno (estar bien consigo mismo, disponer de tiempo para estar con los amigos, crear una familia, disfrutar de los hobbies…) pasen a un segundo plano y sean los objetivos laborales los primordiales.

Para ello, sería importante poder tomar conciencia de qué nivel de influencia tiene esta cultura de la prisa en ti, qué estás dejando de hacer para satisfacer la necesidad empresarial y de tu parte más «productiva» y que puedas reflexionar  y decidir si realmente esto es lo que quieres. Para ello, te propongo lo siguiente:

Resta la edad que te queda para jubilarte a la que tienes (edad laboral).
Multiplica esto por 250 días laborales de media que tiene un año. 
Multiplica el resultado por 365 (días de un año)

Con el resultado que te dé, piensa si de verdad quieres pasarte todos estos años reales de trabajo y si de verdad estás dispuesto a sacrificar la posibilidad de invertir este tiempo en otros aspectos que, en el fondo, estás dejando pasar por no ser consciente que están ahí.

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