Aunque el insomnio es más frecuente en personas adultas y ancianas, en la infancia y la adolescencia también ocurren de forma ocasional. Es por eso que queremos darte información para poder conocerlo mejor, así como estrategias para poder combatirlo.

Sueño largo pero, sobretodo, reparador. ¿Cómo podemos conseguirlo?

¿QUÉ ES EL INSOMNIO?

Para poder conocer mejor el trastorno y todo aquello que le sucede a tu hijo, es importante saber que tu hijo no es el único, sino que hay miles de niños que, desgraciadamente, tiene problemas de sueño. Este problema tiene solución, y se puede volver a aquellas plácidas noches donde no había despertares ni paseos deambulantes debido a los problemas para conciliar el sueño.

Antes de empezar a describir qué caracteriza a tu hijo, es conveniente diferenciar los 3 tipos de insomnio más frecuentes. ¿Con cuál de ellos se identifica más tu hijo?

Puede tener problemas para conciliar el sueño, estando horas en la cama, envuelto en sus pensamientos y preocupado por no poder dormir. Este subtipo, denominado insomnio inicial, es más frecuente en adolescentes y se da un círculo vicioso: cuanto más se esfuerza el sujeto por dormir, más frustración aparece y más empeora el sueño. ¿Qué significa eso? Que la atención y los esfuerzos excesivos para dormir, que anulan los mecanismos normales para el inicio del sueño, pueden contribuir a la aparición de insomnio. También encontramos el insomnio medio, donde aparecen frecuentes y largos despertares durante la noche. Y finalmente el insomnio tardío, momento en el que tu hijo, una vez despierto, es incapaz de volver a dormir.

Estos subtipos de los que hemos hablado acarrean problemas tanto durante la noche como en el día. El insomnio se suele acompañar de fatiga o de somnolencia diurna, esta última menos frecuente, desembocando en dificultades en el rendimiento académico, en las relaciones sociales, en el comportamiento tanto en casa como en la escuela… Y, para dificultar aun más la situación, suele existir un estado de ánimo irritable y lábil.

A. Predominante insatisfacción por la cantidad o la calidad del sueño, asociada a uno (o más) de los síntomas siguientes:

  1. Dificultad para iniciar el sueño. (En niños, esto se puede poner de manifiesto por la dificultad para iniciar el sueño sin la intervención del cuidador.)
  2. Dificultad para mantener el sueño, que se caracteriza por despertares frecuentes o problemas para volver a conciliar el sueño después de despertar. (En niños, esto se puede poner de manifiesto por la dificultad para volver a conciliar el sueño sin la intervención del cuidador.)
  3. Despertar pronto por la mañana con incapacidad para volver a dormir.

B. La alteración del sueño causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral, educativo, académico, del comportamiento u otras áreas importantes del funcionamiento.

C. La dificultad del sueño se produce al menos tres noches a la semana.

D. La dificultad del sueño está presente durante un mínimo de tres meses.

E. La dificultad del sueño se produce a pesar de las condiciones favorables para dormir.

F. El insomnio no se explica mejor por otro trastorno del sueño-vigilia y no se produce exclusivamente en el curso de otro trastorno del sueño-vigilia (p. ej., narcolepsia, un trastorno del sueño relacionado con la respiración, un trastorno del ritmo circadiano de sueño-vigilia, una parasomnia).

G. El insomnio no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento).

H. La coexistencia de trastornos mentales y afecciones médicas no explica adecuadamente la presencia predominante de insomnio.

Especificar si:

Con trastorno mental concurrente no relacionado con el sueño, incluidos los trastornos por consumo de sustancias

Con otra afección médica concurrente

Con otro trastorno del sueño

Especificar si:

Episódico: Los síntomas duran como mínimo un mes pero menos de tres meses.

Persistente: Los síntomas duran tres meses o más.

Recurrente: Dos (o más) episodios en el plazo de un año.

¿CÓMO SE EVALÚA EL INSOMNIO?

Es importante evaluar el insomnio a partir de un conjunto de preguntas que pueden ayudar a orientar el diagnóstico hacia una u otra dirección:

  • ¿Tiene usted dificultad para dormir por la noche?
  • Una vez que decide dormirse, ¿tarda más de media hora en conseguirlo?. ¿Tarda más de 2 horas?
  • ¿Se despierta durante la noche y permanece despierto más de media hora sin desearlo, o de una hora en total?
  • ¿Se despierta antes de haber dormido 6 horas?
  • ¿Se despierta más de 2 horas antes de lo que deseaba?
  • ¿Se siente usted cansado al despertarse, con la sensación de no haber descansado nada?

Los instrumentos más habitualmente utilizados en clínica son los diarios de sueño y los cuestionarios específicos.

En el insomnio agudo, se recomienda una entrevista en la que se valore el comienzo y curso clínico del insomnio, y su relación con posibles situaciones desencadenantes. Además, se debe identificar posibles factores precursores del insomnio crónico (vulnerabilidad y malos hábitos de sueño).

Así pues, algunos de los cuestionarios más utilizados son:

  • Índice de severidad del insomnio (ISI)
  • Índice de calidad del sueño de Pittsburgh (PSQI)

Puesto que el insomnio es un trastorno que no suele aparecer solo, es importante hacer un buen diagnóstico diferencial para conocer si hay otra sintomatología presente que pudiera explicar las dificultades para conciliar el sueño o mantenerlo.

La evaluación ha de ser basarse en un modelo integrado del desarrollo y en múltiples fuentes de información.

Es esencial conocer las secuencias y pautas del desarrollo normal, es decir, cuántas horas son las más recomendadas, pero siempre teniendo en cuenta la edad del sujeto (no será igual la cantidad de horas en un niño que un adolescente).

La información de los padres ayudará a conocer los hábitos de sueño, que seguramente se encuentren alterados.

La intervención ha de llevarse a cabo lo antes posible para evitar la cronificación.

¿CÓMO SE TRATA EL INSOMNIO?

Primero, es importante marcar los objetivos que tenemos al tratar el insomnio, los cuales tiene por objetivo mejorar la calidad del sueño.

  • Eliminar o reducir los síntomas diurnos.
  • Conseguir una latencia inferior a los 30 minutos para conciliar el sueño.
  • Disminuir la frecuencia de despertares nocturnos.
  • Conseguir dormir 6 horas o más.
  • Disminuir la ansiedad por la creencia de que no conseguir dormir.
  • Generar hábitos y actitudes compatibles con el dormir.

Contamos con diferentes técnicas útiles para tratar el insomnio, partiendo de la base que la mejor orientación para hacerlo es la cognitiva-conductual.

  • Relajación progresiva: para la activación fisiológica y cognitiva.
  • Control de estímulos: haciendo que el conjunto de estímulos presentes en el dormitorio se asocien con la conducta de dormir, siendo uno de los componentes más relevantes la intención paradójica para tratar la parte cognitiva.

A pesar de no tener nivel de evidencia, los fármacos más utilizados son las benzodiacepinas. Aún así, su uso en el tratamiento del insomnio crónico todavía permanece bajo discusión, particularmente en el caso de la infancia.