Todos alguna vez hemos tenido sueños desagradables, que nos hace soñar con angustia y temor. Es importante que le demos la importancia que se merecen, porque interfieren e impiden el buen funcionamiento de nuestro hijo, y es entonces cuando debemos intervenir. 

Intentemos que los niños y las niñas puedan disfrutar del sueño y de soñar.

¿QUÉ SON LAS PESADILLAS?

¿Qué le ocurre a tu hija cuando duerme y se despierta? Es probable que las siguientes palabras te recuerden a aquellas noches, preocupada, tenías que ir al cuarto a consolarla porque había padecido una pesadilla.

Es normal la preocupación al ver o escuchar a tu hija decir que padece pesadillas. A pesar de ser frecuentes, hemos de intentar poner remedio lo antes posible, puesto que es un fenómeno que le puede angustiar y, con ello, acarrearle más problemas.

Durante las pesadillas se da una activación autonómica ligera (tu hija tendrá síntomas de sudoración, taquicardia y taquipnea, entre otros) pero a diferencia de los terrores nocturnos o sonambulismo normalmente no aparece la confusión o desorientación. Sí puede aparecer, al final de la pesadilla, un episodio breve en el que hable mientras esté soñando.

Si le preguntas por la pesadilla, seguramente podrá recordarla bien y podrá describirla con detalles. Estas pesadillas suelen estar relacionadas con fenómenos que ocurren durante el día y que producen algún tipo de temor, ansiedad e incertidumbre en el niño.

A diferencia de los terrores nocturnos y del sonambulismo, las pesadillas suelen ocurrir durante la fase REM. (*Véase la introducción de “Terrores nocturnos y sonambulismo” para conocer un poco a qué nos referimos cuando hablamos de fase REM o No-REM).

A. Se producen de forma prolongada repetida sueños sumamente disfóricos y que se recuerdan bien, que por lo general implican esfuerzos para evitar amenazas contra la vida, la seguridad o la integridad física y que acostumbran a suceder durante la segunda mitad del período principal de sueño.

B. Al despertar de los sueños disfóricos, el individuo rápidamente se orienta y está alerta.

C. La alteración del sueño causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

D. Las pesadillas no se pueden atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento).

E. La coexistencia de trastornos mentales y médicos no explica adecuadamente la presencia predominante de sueños disfóricos.

Especificar si:

Durante el inicio del sueño

Especificar si:

Con trastorno asociado no relacionado con el sueño, incluidos los trastornos por consumo de sustancias

Con otra afección médica asociada

Con otro trastorno del sueño asociado

Especificar si:

Agudo: La duración del período de pesadillas es de un mes o menos.

Subagudo: La duración del período de pesadillas es superior a un mes pero inferior a seis meses.

Persistente: La duración del período de pesadillas es de seis meses o más.

Especificar la gravedad actual:

La gravedad se puede clasificar por la frecuencia con que suceden las pesadilla:

Leve: Menos de un episodio por semana, en promedio.

Moderado: Uno o más episodios por semana pero no cada noche.

Grave: Los episodios se producen todas las noches.

¿CÓMO SE EVALÚAN LAS PESADILLAS?

Como hemos dicho anteriormente, las pesadillas suelen concurrir con otros trastornos mentales. En estos casos, ¿cómo saber cuándo se debe hacer un diagnóstico de Trastorno de Pesadillas junto con el otro trastorno (por ejemplo, Trastorno de Ansiedad)? Cuando por su frecuencia o gravedad se requiere una atención clínica independiente para el problema de las pesadillas. Especialmente en los casos graves, las pesadillas pueden tener relación con otros trastorno psicopatológico.

Las agendas / diarios del sueño, en las que se explica, durante varias semanas, tanto la frecuencia de las pesadillas como la duración de los despertares posteriores, pueden ser de utilidad.

Por otro lado, no se recomienda la polisomnografía para el diagnóstico de las pesadillas y la exploración física no suele ser relevante.

En el caso de las pesadillas, el recuerdo y su posterior transcripción nos permiten, en muchas ocasiones, conocer los detalles de dichos episodios. Además, como hemos dicho en el apartado de “Recomendaciones” las agendas y diarios del sueño nos aportan información interesante.

Se pueden utilizar diferentes pruebas de evaluación para conocer las características del sueño:

  • WSQ: evalúa brevemente dificultades del sueño, entre otros aspectos, las pesadillas.
  • Escala de somnolencia de Stanford
  • Escala de autoevaluación conductual del sueño
  • Cuestionario del sueño de Dominio

Para evaluar las pesadillas es importante utilizar múltiples fuentes de información, además de basarse en un modelo integrado del desarrollo.

Durante el proceso de evaluación es conveniente que asista su cuidador o cuidadora principal, para minimizar la reactancia y crear un mayor clima de confianza.

Durante el proceso de evaluación es conveniente conocer si hay otras variables de carácter estresante que sirvieran para explicar la aparición de las pesadillas.

Es importante saber si el niño ha estado informado previamente de la visita de la evaluación, aunque esto dependerá de la edad del sujeto (entre los 3 y 6 años, se informará de la visita el mismo día, mientras que si tiene entre 6 y 12 se recomienda informar unos días antes).

¿CÓMO SE TRATAN LAS PESADILLAS?

El tratamiento que ha mostrado mayor eficacia y que se aplica frecuentemente es la Terapia de Repaso en Imaginación (IRT). Esta consta de 3 sesiones grupales, donde se escribe la pesadilla y poco a poco se va cambiando el contenido de la misma hasta que deja de generar ansiedad.

También ha sido utilizada la Desensibilización Sistemática, en la que se expone en imaginación al suceso durante 5 o 6 sesiones.

Otras técnicas eficaces, aunque en menor medida son: la hipnosis, la exposición y la Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares.

Actualmente no se dispone de fármacos que sean eficaces para el tratamiento de las pesadillas.