Un mundo de conflictos, agresiones y comportamientos inadecuados. Pretendemos que la concepción que tenemos de este trastorno cambie cuando, leyendo estas líneas, comprendamos sus posibles causas, antecedentes, pensamientos y emociones

No estamos aquí para juzgar qué está bien y qué está mal. Si nos entendemos ya tendremos una gran parte ganada. 

¿QUÉ ES EL TC?

En este apartado queremos darte información sobre cómo se suelen comportar los chicos y chicas con TC, información con la que posiblemente te sentirás identificado en el caso de tener un hijo o hija con esta problemática. Además, queremos ofrecerte un espacio para que puedas sentirte comprendido ante la frustración de que tu hijo no cumpla con las normas ni las obligaciones. Entendemos que es frustrante cuando, por la noche, salen a pesar de vuestra prohibición; que molesta cuando te llaman del colegio para decirte que ha faltado a clase sin tú saberlo; que preocupa cuando pasan toda la noche fuera de casa… Todos esos comportamientos suelen aparecer antes de los 13 años.

Una de las claves para entender el comportamiento de tu hijo es saber que tiende a interpretar las intenciones de los demás como más hostiles y amenazantes, lo que hace que responda con una agresividad que ellos sienten como razonable y justificada.

Existen tres tipos de TC:

  • Tipo de inicio infantil: Las conductas aparecen antes de los 10 años. Este subtipo predice un peor pronóstico, así como un riesgo elevado de comportamiento delictivo y consumo de sustancias.
  • Tipo de inicio adolescente: Aparición después de los 10 años.
  • Tipo de inicio desconocido

Se ha visto que tienden a experimentar emociones negativas y de bajo control, como baja tolerancia a la frustración, irritabilidad, arrebatos… Además, tienden a buscar emociones y, por ello, incurrir en imprudencias constantes.

También entendemos la frustración que sentís cuando los castigáis y no véis en ellos ningún atisbo de remordimiento, culpabilidad ni responasbilidad por sus actos.

¡Cuidado con las ideas de suicidio! Es un tema que no debemos ignorar y tenemos que hablarlo sin rodeos. Por preocupante que suene, que sabemos que mucho, es importante tener en cuenta que las ideas suicidas (pensarlo), las tentativas de suicidio (intentarlo) y el suicidio consumado (hacerlo) se producen en un porcentaje mucho más alto de lo esperado en las personas con TC.

A. Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que no se respetan los derechos básicos de otros, las normas o reglas sociales propias de la edad, lo que se manifiesta por la presencia en los doce últimos meses de por lo menos tres de los quince criterios siguientes en cualquier de las categorías siguientes, existiendo por lo menos uno en los últimos seis meses:

Agresión a personas y animales

  1. A menudo acosa, amenaza o intimada a otros.
  2. A menudo inicia peleas.
  3. Ha usado un arma que puede provocar serios daños a terceros (p. ej., un bastón, un ladrillo, una botella rota, un cuchillo, un arma).
  4. Ha ejercido la crueldad física contra personas.
  5. Ha ejercido la crueldad física contra animales.
  6. Ha robado enfrentándose a una víctima (p. ej., atraco, robo de un monedero, extorsión, atraco a mano armada).
  7. Ha violado sexualmente a alguien.

Destrucción de la propiedad

  1. Ha prendido fuego deliberadamente con la intención de provocar daños graves.
  2. Ha destruido deliberadamente la propiedad de alguien (pero no por medio del fuego).

Engaño o robo

  1. Ha invadido la casa, edificio o automóvil de alguien.
  2. A menudo miente para obtener objetos o favores, o para evitar obligaciones (p. ej. “engaña” a otros).
  3. Ha robado objetos de valor no triviales sin enfrentarse a la víctima (p. ej., hurto en una tienda sin violencia ni invasión; falsificación).

Incumplimiento grave de las normas

  1. A menudo sale por la noche a pesar de la prohibición de sus padres, empezando antes de los 13 años.
  2. Ha pasado una noche fuera de casa sin permiso mientras vivía con sus padres o en un hogar de acogida, por lo menos dos veces o una vez si estuvo ausente durante un tiempo prolongado.
  3. A menudo falta en la escuela, empezando antes de los 13 años.

B. El trastorno del comportamiento provoca un malestar clínicamente significativo en las áreas social, académica o laboral.

C. Si la edad del individuo es de 18 años o más, no se cumplen los criterios de trastorno de la personalidad antisocial.

Especificar si:

Tipo de inicio infantil: Los individuos muestran por lo menos un síntoma característico del trastorno de conducta antes de cumplir los 10 años.

Tipo de inicio adolescente: Los individuos no muestran ningún síntoma característico del trastorno de conducta antes de cumplir los 10 años.

Tipo de inicio no especificado: Se cumplen los criterios del trastorno de conducta, pero no existe suficiente información disponible para determinar si la aparición del primer síntoma fue anterior a los 10 años de edad.

Especificar si:

Con emociones prosociales limitadas: Para poder asignar este especificador, el individuo ha de haber presentado por lo menos dos de las siguientes características de forma persistente durante doce meses por lo menos, en diversas relaciones y situaciones. Estas características reflejan el patrón típico de relaciones interpersonales y emocionales del individuo durante ese período, no solamente episodios ocasionales en algunas situaciones. Por lo tanto, para evaluar los criterios de un especificador concreto, se necesitan varias fuentes de información. Además de la comunicación del propio individuo, es necesario considerar lo que dicen otros que lo hayan conocido durante periodos prolongados de tiempo (p. ej., padres, profesores, compañeros de trabajo, familiares, amigos).

Falta de remordimientos o culpabilidad: No se siente mal ni culpable cuando hace algo malo (no cuentan los remordimientos que expresa solamente cuando le sorprenden o ante un castigo). El individuo muestra una falta general de preocupación sobre las consecuencias negativas de sus acciones. Por ejemplo, el individuo no siente remordimientos después de hacer daño a alguien ni se preocupa por las consecuencias de transgredir las reglas.

Insensible, carente de empatía: No tiene en cuenta ni le preocupan los sentimientos de los demás. Este individuo se describe como frío e indiferente. La persona parece más preocupada por los efectos de sus actos sobre sí mismo que sobre los demás, incluso cuando provocan daños apreciables a terceros.

Despreocupado por su rendimiento: No muestra preocupación respecto a un rendimiento deficitario o problemático en la escuela, en el trabajo o en otras actividades importantes. El individuo no realiza el esfuerzo necesario para alcanzar un buen rendimiento, incluso cuando las expectativas son claras, y suele culpar a los demás de su rendimiento deficitario.

Afecto superficial o deficiente: No expresa sentimientos ni muestra emociones con los demás, salvo de una forma que parece poco sentida, poco sincera o superficial (p. ej., con acciones que contradicen la emoción expresada; puede “conectar” o “desconectar” las emociones rápidamente) o cuando recurre a expresiones emocionales para obtener beneficios (p. ej., expresa emociones para manipular o intimidar a otros).

Especificar la gravedad actual:

Leve: Existen pocos o ningún problema de conducta aparte de los necesarios para establecer el diagnóstico, y los problemas de conducta provocan un daño relativamente menor a los demás (p. ej., mentiras, absentismo escolar, regresar tarde por la noche sin permiso, incumplir alguna otra regla).

Moderado: El número de problemas de conducta y el efecto sobre los demás son de gravedad intermedia entre los que se especifican en “leve” y en “grave” (p. ej., robo sin enfrentamiento con la víctima, vandalismo).

Grave: Existen muchos problemas de conducta además de los necesarios para establecer el diagnóstico, o dichos problemas provocan un daño considerable a los demás (p. ej., violación sexual, crueldad física, uso de armas, robo con enfrentamiento con la víctima, atraco e invasión).

¿CÓMO SE EVALÚA EL TC?

A continuación os pondremos algunas preguntas que son importantes hacer al evaluar a tu hijo:

  • ¿Han tenido en cuenta el contexto donde se encuentra el niño? (Hay patrones de conducta disruptivos que son vistos como próximos a lo normal)
  • ¿Han utilizado como instrumentos diagnósticos la entrevista, las escalas, los cuestionarios y la observación?
  • ¿Han definido la conducta problema, la intensidad y el significado de la misma?
  • ¿Han utilizado alguna entrevista diagnóstica estructurada? (Es decir, con preguntas cerradas)
  • ¿Han preguntado si se da en uno o más contextos?
  • ¿Han preguntado si hay antecedentes familiares?
  • ¿Han preguntado a varios personas? (a vuestro hijo, vosotros, el colegio, otros familiares…)

Además, queremos ofrecerte información sobre algunos de los test más utilizados para evaluar el TC. ¿Han utilizado alguno de estos para diagnosticar el trastorno de su hijo?

  • Entrevista Diagnóstica (DISC)
  • Sistema de Evaluación Empírica de Achenbach (ASEBA)
  • Sistema de Evaluación Conductual (BASC-2)
  • Cuestionario de Agresión (AQ)
  • Escala de Agresión para Niños (CAS)

La evaluación de un niño o adolescente con TC va a ser difícil, puesto que el carácter del sujeto dificultará una evaluación pautada y secuencial. Será importante basarse en mútiples fuentes de información, conocer qué conductas son características de la etapa evolutiva y cuáles no y descubrir tanto los puntos fuertes como las competenecias actuales para una posterior intervención más eficaz.

La contextualización de la conducta va a ser primordial, porque dependerá del lugar donde resida o al colegio donde asista que una conducta disruptiva sea más adaptativa o no.

Será importante tomar una decisión a tiempo para evitar la cronificación del problema y que las conductas disruptivas evolucionen hacia un mayor peligro.

¿CÓMO SE TRATA EL TC?

El tratamiento del TC debe de ser multidimensional, es decir, incluir un trabajo con diferentes partes.

  • Entrenamiento para padres: Es importante mejorar la comunicación, aprender a ser más asertivos, aprender cómo dar las órdenes y cómo mantenerlas (habilidades de gobierno familiar), aprender a disculparse… Recordad que vuestro hijo es un reflejo de aquello que ve o ha visto, por lo que si no nos trabajamos nosotros mismos difícilmente podremos ayudarle. Si tenéis como premisa “haz lo que yo diga, y no lo que yo haga” ya tenéis una base sobre la que trabajar, que es la de cambiar la premisa y mejorar la situación.
  • Trabajo con el menor: Se utilizan diferentes técnicas:
    • Técnicas cognitivas: Son útiles la reestructuración cognitiva para tratar aquellos pensamientos disfuncionales, o las autoinstrucciones para trabajar la impulsividad o el autocontrol.
    • Técnicas operantes: Técnicas conductuales para manejar el medio y favorecer una conducta más cooperativa. Buscamos reducir aquellas conductas antisociales y aumentar las prosociales.
    • Tratamiento farmacológico: Se utiliza para reducir la impulsividad y agresividad.
  • Tratar con el profesorado: Informar de la situación actual, qué estrategias se están dando, qué dificultades aparecen en la escuela y ofrecerles aquellas técnicas que todavía no hayan podido llevar a cabo (tiempo fuera, contrato conductual, manejo del tiempo…)
  • Social o institucional: Muchas veces estas conductas disruptivas llevan a que instituciones como ayuntamientos o juzgados de menores tengan que actuar, por lo que la colaboración con estas entidades es muy importante para ayudar a restaurar en el menor una conducta apropiada.

* El tratamiento es el mismo que en el caso de ser diagnosticado un Trastorno Negativista Desafiante (TND).

Los fármacos no son el tratamiento de primera elección, pero a veces no nos queda más remedio, sobre todo como tratamiento a corto plazo o cuando hay comorbilidad.

El fármaco de elección es el Metilfenidato, aunque si queremos reducir la impulsividad o agresividad utilizaremos mejor los Antipsicóticos de segunda generación.

* El tratamiento es el mismo que en el caso de ser diagnosticado un Trastorno Negativista Desafiante (TND).