Como influye el miedo a la soledad en personas mayores

Imagen de Orientación Psicológica

Orientación Psicológica

Psicólogos especializados en trastornos del neurodesarrollo.

 

Uno de los miedos que comparten tanto adolescentes como personas mayores es el miedo a la soledad. Este miedo, que aparece en edades tempranas, no desaparece con el tiempo, sino que va adoptando diferentes formas según la etapa evolutiva de la persona. Aunque en la adolescencia se puede combatir más fácilmente a través de actividades con los iguales, en las personas mayores es más difícil de afrontar, porque, desgraciadamente, muchos han visto cómo personas cercanas se han ido marchando a lo largo de la vida.

Reflexionando acerca de ese miedo que comienza en la adolescencia y se mantiene hasta la vejez, quizá tenga algo que ver con que, para muchos adolescentes, sus figuras de apego más importantes suelen ser sus abuelos. Se trataría de un tándem donde el vínculo se hace más fuerte gracias a ese miedo compartido.

CONTACTA CON NOSOTROS
Y SOLICITA TU TERAPIA ONLINE O PRESENCIAL

Aunque el miedo a la soledad y el miedo a estar lejos de las personas queridas aparecen en edades tempranas, combatirlos en personas de edad avanzada es más complicado, porque el rango de actividades y de vínculos con los más cercanos se reduce. Estas personas mayores ven cómo sus hijos van formando su propia vida, y es muy frecuente escuchar frases como: “No quiero molestarles” o “Están muy ocupados y ya hacen su vida”. Aunque ciertas, estas frases se convierten en limitantes que dificultan que las personas mayores sientan la cercanía de sus familiares. Por ello, es responsabilidad de estos familiares, en caso de que los haya, visitar regularmente a las personas mayores y hacerles compañía.

Por otro lado, también existen personas que ya no tienen familiares porque decidieron no tener descendencia o por otros motivos. En estos casos, disponer de recursos sociales, así como de compañías privadas, puede servirles para no sentirse solos y compartir el día a día con otra persona.

El caso de Antonio

Para entenderlo mejor, pensemos en Antonio, un hombre de 78 años que enviudó hace cuatro años. Tiene dos hijos, pero ambos viven en otras ciudades y apenas lo visitan porque, según le dicen, “tienen mucho trabajo y muchos compromisos”. Antonio, que antes disfrutaba de reuniones familiares, comidas en casa y largas conversaciones, ahora pasa la mayor parte del día solo en su piso.

Por las mañanas se levanta, prepara un café y enciende la televisión, que permanece encendida casi todo el día como una forma de compañía. Apenas sale a la calle porque siente que “no tiene con quién”. En ocasiones, sus vecinos lo invitan a tomar algo, pero él suele excusarse con frases como: “No quiero ser una carga” o “Prefiero no molestar”. Poco a poco ha ido perdiendo el hábito de arreglarse y cuidar su higiene, algo que antes consideraba muy importante.

A nivel psicológico, la soledad ha comenzado a pasarle factura. Antonio experimenta sentimientos de tristeza constante, pensamientos recurrentes sobre el sentido de su vida y, en ocasiones, se sorprende a sí mismo deseando “dormirse y no despertar”. La falta de contacto humano ha reducido su motivación, y ya no encuentra interés en las actividades que antes disfrutaba, como leer o hacer crucigramas. Además, la soledad ha aumentado su nivel de ansiedad: cuando pasa muchos días sin hablar con nadie, empieza a sentir palpitaciones, sudor frío y la sensación de que “algo malo” puede pasarle sin que nadie se entere.

Consecuencias psicológicas de la soledad

La historia de Antonio refleja lo que ocurre en muchos casos. Las consecuencias de la soledad en las personas mayores son más graves que en cualquier otra etapa:

Depresión: la ausencia de vínculos significativos puede llevar a sentimientos de vacío, desesperanza y una pérdida del sentido de la vida.

Ansiedad: el miedo a enfermar estando solos, a no ser escuchados o a no tener apoyo genera altos niveles de preocupación.

Deterioro cognitivo: diversos estudios señalan que el aislamiento social está relacionado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo e incluso con la aparición temprana de síntomas de demencia.

Pérdida de autoestima: al sentir que no son importantes para sus familiares o que no tienen un papel relevante en la sociedad, las personas mayores empiezan a percibirse como una carga.

Aumento del riesgo de mortalidad: la soledad prolongada se asocia a problemas físicos como hipertensión, alteraciones del sueño y debilitamiento del sistema inmunológico.

Combatir la soledad en personas mayores requiere un esfuerzo conjunto de familiares, amigos, profesionales y de la sociedad en general. Siguiendo con el caso de Antonio, se podría por ejemplo realizar visitas programadas de sus hijos o nietos, aunque fueran cortas, para mantener el vínculo. También participar en asociaciones de mayores, donde pueda sentirse parte de un grupo y compartir actividades. Otra opción sería que pudiera contar con expertos que le acompañen profesionalmente con sus dificultades donde pueda recibir una compañía de calidad o bien que pueda recibir un acompañamiento psicológico para trabajar sus pensamientos de inutilidad y soledad, y ofrecerle herramientas emocionales.

La soledad no es solo “estar sin compañía”, sino sentirse desconectado del mundo. Cuando las personas mayores, como Antonio, pierden esa conexión, se debilitan física y psicológicamente. Atender este problema no es un gesto opcional, sino una responsabilidad social que puede marcar la diferencia entre un envejecimiento saludable y uno cargado de sufrimiento.

CONTACTA CON NOSOTROS
Y SOLICITA TU TERAPIA ONLINE O PRESENCIAL
Facebook
Twitter
WhatsApp
LinkedIn

Artículos Recomendados

Últimos Artículos