Poner límites en la familia repercute positivamente a la crianza y educación de los hijos

Orientación Psicológica

Orientación Psicológica

Psicólogos especializados en trastornos del neurodesarrollo.

Saber cómo poner límites a tu hijo adolescente es un problema muy frecuente en muchas familias. El desconocimiento de qué tipo de límites y cuándo impartirlos genera mucho malestar y dudas en muchos padres y madres. En el artículo de hoy vamos a conocer algunas de las indicaciones más recomendables sobre este ámbito.

La negociación en familia

 La adolescencia es una etapa de la vida de tu hijo/a que conlleva muchos nuevos desafíos y en la que va adquiriendo cada vez más responsabilidades y autonomía. Eso conlleva que los límites que se establecen deben tener la opción también de ser negociados entre los diferentes miembros de la familia. ¿Qué significa, en este contexto, negociar?

  • Tener en cuenta la edad de tu hijo/a: no será lo mismo poner límites y negociar si tu hijo está iniciando la adolescencia, a los 12 años por ejemplo, que si ya está en las puertas de la adultez, es decir, a los 17.
  • Disponer del espacio en familia para hablar de los beneficios que puede conseguir si cumple los límites, así como de las consecuencias en caso de incumplimiento.
  • Encontrar un punto medio entre ambas partes, lo que implica ser flexible. Por ejemplo, en el caso de que tu hija de 16 años te pida llegar por la noche a una determinada hora, la cual consideras desmesurada, intentar hallar la hora en la que tanto tú como ella quedáis medianamente satisfechas.
  • Mostrarse empático con sus necesidades y ser asertivo con las propias.

El castigo como forma de impartir límites

En ocasiones se puede caer en el error de pensar que el castigo es una forma perjudicial de conseguir poner límites, pero estudios demuestran que si éste está bien aplicado puede conseguir la reducción y/o eliminación de conductas no deseadas.

Desde Orientación Psicológica recomendamos aplicar lo que se conoce como castigo negativo, esto es, la retirada de aquella fuente de alimentación (como puede ser quitarle los videojuegos durante unos minutos). En el caso del castigo positivo, lo que estaríamos haciendo es aplicar un estímulo negativo cada vez que realiza la conducta que queremos que deje de realizar (como por ejemplo sería pegarle).

Vamos a ver qué características tiene que cumplir el castigo (negativo) para ser efectivo:

  • Demora del castigo: el castigo es más eficaz cuando más se aproxima su aplicación a la emisión de la conducta no deseada. Por lo tanto, tenemos que tratar de aplicar el castigo inmediatamente después de la realización de la conducta.
  • Programa de aplicación: el castigo tiene que ser lo que se conoce como “de aplicación continua”. ¿Qué significa esto? Que tiene que aplicarse cada vez que se realice la conducta no deseada.
  • Regulación temporal en la secuencia de la respuesta: lo que significa que el castigo resulta más eficaz si se castigan los primeros eslabones de la cadena conductual. Es decir, es más útil aplicar el castigo cuando se inicia la conducta que queremos eliminar que cuando ésta ya se ha desarrollado más.
  • Fuente de reforzamiento: es más eficaz si, a la vez que aplicamos el castigo, eliminamos fuentes de reforzamiento. Veamos un ejemplo para comprenderlo mejor: si a un alumno le pides que salga unos minutos de clase y pase un tiempo en el pasillo debido a su mal comportamiento, es primordial que en el pasillo no obtenga otras fuentes de reforzamiento -por ejemplo, verse con otros compañeros-, porque de ser así se perdería toda la eficacia del castigo.
  • Variaciones del castigo: es más eficaz si se varían los tipos de castigo.
  • Combinar con reforzamiento de respuestas alternativas: es esencial que si castigáis a vuestro hijo o hija por algo que ha hecho mal, éste también reciba un reforzamiento por aquello que ha hecho correctamente.
  • Contingencia conducta-castigo: a la hora de aplicar un castigo debe quedar claro que X castigo sigue a Y conducta, si hay ambigüedad en las consecuencias que desencadena la conducta el castigo resultará ineficaz.
  • El castigo debe ir precedido de una advertencia.

Conclusiones

 Poner límites a tu hijo/a adolescente es una parte esencial de la crianza y educación, dado que ayuda al adolescente a formarse unas creencias y unos valores. Además, es imprescindible para aprender que todos los actos tienen unas consecuencias y que ir adquiriendo la independencia propia de la edad conlleva asumir unas responsabilidades.

 

Recomendamos consultar con profesionales siempre que se tengan dudas sobre cómo y cuándo impartirlos. Buscar ayuda es ayudar al proceso de desarrollo de tu hijo/a.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on linkedin
LinkedIn

Artículos Recomendados

Últimos Artículos