Trastorno de movimientos estereotipados: síntomas, características y tratamiento

Orientación Psicológica

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Psicólogos especializados en trastornos del neurodesarrollo.

Todos tenemos algún hábito que nos distingue a la hora de hablar, expresarnos o interactuar con los demás. Ya sea una “muletilla”, un movimiento particular de los brazos, una expresión facial determinada.

Esto viene determinado desde antes del nacimiento, ¿Quién no ha conocido a una madre cuyo bebé “será futbolista”? Este es un hecho innegable, todos tenemos conductas corporales programadas desde antes de existir.

El hecho es natural, las conductas estereotipadas son totalmente normales y no deberían provocar preocupación. Sin embargo, existen elementos que distinguen un movimiento estereotipado de un trastorno de conductas estereotipadas o autolesivas.

En el texto de hoy, descubriremos varios datos claves sobre estos elementos de la salud mental, que probablemente sean ajenos para ti, ya que no es una problemática de la que se suela hablar demasiado. ¿Estás listo? ¡Sigue atento!

Autolesiones en niños: una consecuencia de la estereotipia

Como pudimos observar, una conducta estereotipada es común en niños de edades tempranas. Estas pueden ser (balancear el cuerpo o la cabeza) o no ser (palmadas, succión de los dedos, morder cosas) rítmicas. 

Otra característica de estas conductas es que no tienen una función aparente o una consecuencia con el entorno. Es decir, son movimientos que se hacen con el simple objetivo de recibir una estimulación sensorial.

Estereotipia y autolesiones

Hasta este punto, parecen conductas inofensivas. Sin embargo, el problema inicia cuando estos movimientos afectan la integración del niño en el contexto social e interfieran con sus actividades cotidianas.

En este punto, es probable que la conducta estereotipada se convierta en una conducta autolesiva, pues muchos pacientes muestran propensión a romperse, rascarse con fuerza, morderse o ejercer movimientos violentos que afecten su integridad.

Por lo tanto, es importante diferenciar entre los diagnósticos de TME y conductas autolesivas.

Trastorno de Movimientos Estereotipados

Para establecer este diagnóstico es importante que en paciente no presente manifestaciones clínicas de alguna otra patología, excepto retraso mental. De esta forma, es importante descartar una lista de diagnósticos antes de dar con este.

Esto lo convierte en un trastorno extremadamente específico, con diagnóstico inflexible y muy distintivo de otros similares, pudiendo aparecer concomitante únicamente si el otro diagnóstico es oligofrenia o retraso mental.

Trastorno de movimientos estereotipados DSM 5

El Trastorno de movimientos estereotipados (DSM 5) se caracteriza por:

A. Comportamiento motor repetitivo, aparentemente guiado y sin objetivo (p. ej., sacudir o agitar las manos, mecer el cuerpo, golpearse la cabeza, morderse, golpearse el propio cuerpo).

B. El comportamiento motor repetitivo interfiere en las actividades sociales, académicas u otras y puede dar lugar a la autolesión.

C. Comienza en las primeras fases del período de desarrollo.

D. El comportamiento motor repetitivo no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia o una afección neurológica y no se explica mejor por otro trastorno del desarrollo neurológico o mental (p. ej., tricotilomanía [trastorno de arrancarse el cabello], trastorno obsesivo-compulsivo).

Especificar si:

Con comportamiento autolesivo (o comportamiento que derivaría en lesión si no se emplearan medidas preventivas).
Sin comportamiento autolesivo

Especificar si:

Asociado a una afección médica o genética, un trastorno del desarrollo neurológico o un factor ambiental conocidos (p. ej., síndrome de Lesch-Nyhan, discapacidad intelectual [trastorno del desarrollo intelectual], exposición intrauterina al alcohol).

Nota de codificación: Utilizar un código adicional para identificar la afección médica o genética, o trastorno del desarrollo neurológico asociado.

Especificar la gravedad actual:

Leve: Los síntomas desaparecen fácilmente mediante estímulo sensorial o distracción.
Moderado: Los síntomas requieren medidas de protección explícitas y modificación del comportamiento.
Grave: Se necesita vigilancia continua y medidas de protección para prevenir lesiones graves.

Procedimientos de registro

En el trastorno de movimientos estereotipados asociado a una afección médica o genética, trastorno del desarrollo neurológico o un factor ambiental conocidos, se registrará trastorno de movimientos estereotipados asociado a (nombre de la afección, trastorno o factor) (p. ej., trastorno de movimientos estereotipados asociado a síndrome de Lesch-Nyhan).

Evaluación de los trastornos por estereotipia

La evaluación tiene como propósito identificar los factores que originan los movimientos atípicos, sin importar su finalidad (diagnóstico o seguimiento), tiene tres fases primordiales, cada una con un proceso específico:

Evaluación y medición de conductas autolesivas

Esta se realiza para medir el grado de daño que suponen las conductas para el paciente, a fin de establecer un plan de intervención acorde con el contexto. Algunas de las herramientas utilizadas en esta fase son:

    • Cuestionario de conductas autolesivas
    • Cuestionario para conductas estereotipadas, de Gutermuth
    • Cuestionario SIB
    • Inventario de problemas de comportamiento
    • Escala de trauma por autolesiones

Evaluación funcional

Tiene como objetivo encontrar el origen de dichas conductas para poder arrojar un análisis concreto. Los métodos más frecuentes en esta etapa son:

    • Entrevista de análisis funcional
    • Escala de evaluación motivacional
    • Escala de evaluación del análisis motivacional
    • Lista de análisis funcional
    • Cuestionario sobre funciones conductuales
    • Registro de la conducta inapropiada

Procedimientos directos de análisis

Son fundamentales pues son la etapa en la que se elaboran las conclusiones sobre los resultados obtenidos en ambas fases. Es a partir de aquí que se construye la estrategia de intervención: se concreta el programa de terapias, de ser necesarias, o se indica el tratamiento farmacológico.

Trastorno de movimientos estereotipados: tratamiento

El principal tratamiento indicado para casos de estereotipia infantil consiste en un programa de terapia conductual inspirado en el entrenamiento en comunicación funcional, que está integrado por ocho fases distintas:

Identificación del problema

Se establecen las características de las conductas que originan la conducta repetitiva.

Determinación de la necesidad de intervenir

En esta fase, se evalúa el grado de daño que tienen estas conductas en la vida del niño, así como el nivel de afección que genera sobre su entorno.

Evaluación funcional

Esta se realiza a través de tres procedimientos distintos:

    • Entrevistas funcionales
    • Observación directa en el ambiente cotidiano del niño
    • Análisis funcionales para detectar la función de la conducta. Es decir, con qué fin establece dichos patrones.

Determinar la función de la conducta

Luego de concretar la etapa anterior, es necesario comparar la información que arroje con otros resultados obtenidos en evaluaciones anteriores. Si la información contrasta, se le da mayor relevancia a la información obtenida empíricamente.

Evaluación de repertorios y reforzadores

Se identifican los posibles elementos que puedan tener efecto reforzador sobre el niño, con el objetivo de integrarlos posteriormente en la terapia.

Selección del procedimiento

En esta etapa se establece un plan de acción concreto, definiendo las estrategias, técnicas de castigo (de ser necesarias) y otras pautas que sean pertinentes de acuerdo a los datos arrojados por la evaluación funcional.

Evaluación de los resultados

En este momento se cuestiona la efectividad de las técnicas utilizadas. Se hace a lo largo de la intervención (durante todas las sesiones) y es lo que otorga el carácter dinámico al tratamiento, pues obliga al profesional a cambiar la estrategia en caso de que no muestre resultados.

Generalización y mantenimiento

En esta etapa se establecen de forma clara los cambios deseados en la conducta del niño. Cuando llega este momento, debe continuar un proceso de seguimiento con el fin de garantizar el mantenimiento de estos patrones.

Si la generalización no sucede, es necesario intervenir en cada uno de los contextos pertinentes.

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Arlington, VA: Author.
Caballo, V.E. (2012). Manual de psicología clínica infantil y adolescente, trastornos generales (vol 1.). Editorial: Pirámide.

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